Give up yourself unto the moment, the time is now, ta ta taa No me suele gustar este tipo de música pero esta canción es diferente para mi. Ni tan sólo creo que sea brillante como canción, ni la letra me dice nada trascendente, pero tiene algo. Cuando tengo un momento de bajón, en el que estoy empezando a pensar en algo que no quiero pensar, me la pongo. La escucho en la estricta intimidad de mi habitación, y a medida que avanza me hace sentir mejor. Va creciendo una fuerza en mi que me hace sentir optimista. Me repito a mi misma "The time is now", now, now, no tienes que esperar a dentro de un rato para sentirte bien. Ahora, justo ahora. Ya! Y acabo bailando como una loca (por esto la intimidad...). Probadlo.
Me gusta Murakami, su precisión por los detalles, sus palabras justas para describir experiencias tan complejas. La fluidez de su redacción, la lírica de sus paisajes. Sí, es un gran narrador, pero el desarrollo de los personajes me genera malestar. En los tres libros que he leído (a lo mejor no es una muestra lo suficientemente amplia como para generalizar, pero tanto me da), aparecen 3 tipos de personajes:
1. El hombre protagonista, siempre perdido, buscando su rumbo. Egoísta e irresponsable de sus actos. Enfermizamente introspectivo, incomunicativo, asocial. 2. La mujer con la que sueña. Complicada hasta el extremo, incluso con una lista de problemas psicológicos y psiquiátricos severos. Inaccesible, esquiva, fría. Misteriosa. Introspectiva, más que el protagonista si cabe. Que no sabe amar a nadie porque no se ama a sí misma. 3. La mujer con la que convive. Sencilla, del montón, por así decirlo. Espontánea y positiva, con ganas de mirar hacia delante. Amable, comprensiva. Que ama al protagonista sin reservas. ¿Por qué Murakami odia a esta última? ¿Por qué siempre es la que termina hecha una mierda, olvidada y ninguneada? En un momento de la novela, simplemente desaparece, deja de existir en la vida del protagonista sin que ello suponga un cambio brusco en su vida. Sólo se describe cómo por fin consigue unirse a la loca y lo bello y ultraterrenal de la relación, y se olvida de la mujer con los pies en la tierra. Y, a medida que leo esa historia de amor entre los dos primeros, en vez de disfrutarlo, yo sólo puedo acordarme de la tercera, de lo mal que lo está pasando y de lo infeliz que debe sentirse. Porque yo soy la mujer con la que convive. La que es sencilla, normal. La que no siente un impulso por el suicidio cada dos semanas. ¿Ser equilibrada me hace menos interesante? ¿Con menos derecho a ser amada? Hoy, acabando Al sur de la frontera, al oeste del sol he sentido como si yo misma hubiera sido abandonada.
Todavía estoy sorprendida de lo bien que me estoy adaptando. Diciendo sorprendida me quedo corta. Muy corta. Nunca me hubiera imaginado que yo iba a reaccionar así al cambiar de país. Yo, la dependiente, la inmadura, la vaga, la llorona. Imaginaba soledades interminables, llantos a oscuras, preguntas sobre qué narices estoy haciendo en Londres. Y nada. Sólo una serenidad que hacía tiempo que no sentía. Combinado con nervios, inseguridades y expectativas, sí, pero tranquilos y pacientes. Me he sorprendido a mi misma y ahora estoy al acecho por si todos esos monstruos rugen de golpe.