
La primavera ha llegado a Londres. Bueno, más que la primavera, unos días de sol más que inusuales en el país de la lluvia. Hace tan buen día que las niñas salen a la calle en vestidos floreados y sandalias de colores. Los londinenses se vuelven un poco locos con un rallito de sol... Y no es para menos. Yo también me he vuelto un poco loca este fin de semana. Más que loca... me ha invdadido una sensación de felicidad y energía que hacía tiempo que no sentía. Ayer por la mañana, haciendo fotos alrededor de Chiswick, todo era tan perfecto... El sol, el paseíto a lo largo del Támesis, con un montón de gente haciendo footing o famílias enteras en bicileta, el sol, las interminables explanadas de hierba llenas de gente haciendo picnics, perros saltando cazando freesbies, niños correteando, el sol. Incluso una competición de remo con miles (bueno, quizás sólo cientos) de barcas y participantes, gente animando desde los diques, abuelitos con sus sillas en el paseo mirando con sus prismáticos... Hasta el cementerio de Chiswick me pareció precioso con todas esas cruces y lápidas de piedra apuntando a direcciones diferentes. Y el sol... Oh my God, qué sol. Cada primavera me doy cuenta de cuánto echaba de menos la primavera.
